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¡Qué no nos vaya a salir rana!

 

A continuación se ofrece el texto íntegro de esta "leyenda" popular, tal y como fue pubicada en el programa de Fiestas de San Roque de 1992, escrita por Antonio Crespo Martín:
 
     La frase, si bien no se puede atribuir su creación, con todo rigor, a los pitreños, sí en cambio, su uso alcanzó fama y prestigio antaño.
 
     Cuentan las crónicas que allá por el año de Maricastaña, había aparecido en la opinión pública de los amantes y devotos de San Roque, nuestro Patrón, una especia de descontento; de nostalgia; del bien hacer y amor hacia el Santo.
 
     Este desasosiego era debido a que cada uno de los pitreños, en edad de opinar, había notado que, año tras año y de manera reiterada el Predicador de turno en el Solemne Oficio, apenas si mencionaba el nombre de San Roque, en la bien documentada Apología del Santo.
     

    
      Ocurre siempre. Ante un estado de opinión, de grandes proporciones, (no nombrar el Santo durante el Panegírico), aparece, por generación espontánea, la persona o personas, dispuestas a defender la causa, a cualquier precio.       
     Efectivamente: al año siguiente de la última observación; llegada la fecha de "echar los Mayordomos" seis pitreños de pro, que habían concebido un plan sobre el particular, se presentaban voluntarios para organizar y dirigir las Fiestas de San Roque aquel año.
 
 
 

     
     El plan elaborado por los seis pitreños de buena fe, sigilosamente guardado, como si de un secreto de Estado se tratara, sería dado a conocer, lógicamente, el día del Santo Patrón. Para sorpresa, admiración y regocijo de todo el pueblo. Con la solemnidad que el caso requería.
 

 
     El inspiradísimo plan de nuestros preclaros compatriotas, consistía, sencillamente, en que el predicador contratado a tal fin, pronunciase, durante el Sermón, el mayor número de veces el nombre del venerado Patrón. Proponiendo al Orador Sagrado, abonarle, en concepto de honorarios e incentivos, la suculenta y extraordinaria cifra de un Real, por cada vez que el Santo fuera nombrado.
 
     Ni que decir tiene que el suspicaz "Panigerista", aceptó la propuesta.
 
     Llegó el día. Y atendiendo a lo que consta en las "crónicas de la época". Nadie, absolutamente nadie sospechaba ni remotamente lo preparado por los avisados mayordomos. Cuyo contenido permanecía en el más profundo secreto.
 
     No es de sorprender, ya que aquellos entonces, los secretos podían guardarse con reserva. No se producían infiltraciones. No se pinchaban teléfonos. Y mucho menos grabar conversaciones privadas, videos, etc.
 
     Todo a punto. El sacerdote, desde el Púlpito (hoy desaparecido) se dirigió, en latín, como era de rigor, a los fieles que abarrotaban el Templo y -teniendo en cuenta lo convenido- comenzó: San Roque. San Roque. San Roque. Este nuestro Santo Patrón San Roque, fue Roque en su niñez; Roque en su adolescencia; Roque en su juventud; Roque en su madurez.
 
     Ante tamaña avalancha de Roques, el impresionante silencio que se produjo en la Iglesia, dejaba oír el latido de los piadosos y admirados corazones de los asistentes.
 
     Porque San Roque fue; San Roque ha sido; San Roque será; San Roque hoy; San Roque ayer; San Roque mañana; San Roque siempre.

     Entre los congregados (siempre según las crónicas), sollozos, lágrimas, suspiros, convulsiones y hasta alguna que otra "Lipotimia" (éstas también podrían haber sido por el calor reinante). Pero vaya, todo era, en general, resultado de aquel inesperado e insólito, pero hermoso alud de "Roques". ¡Qué maravilla! ¡Por fin alguien se le había ocurrido la idea! Dándole al venerado nombre del Patrón el lugar que merecía.

     ¿Alguien? ¿idea? Quién si nó que nuestros esforzados Mayordomos, que con voz entrecortada por la emoción, comunicaban a los más próximos, que la genialidad era obra suya personal.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                        

      Porque amados míos (señalando) San Roque está contigo, contigo y contigo. San Roque está con aquel; San Roque está con este; San Roque está con el otro. San Roque está en cada uno de nosotros. San Roque está con todos. ¡Sí hermanos míos: con todos!

     El ambiente que reinaba en el interior de la iglesia, era sobrecogedor. Más sollozos, más lágrimas, más pechos agitados y convulsos, más gritos contenidos. Un auténtico estado de histeria colectiva. ¡No había para menos!

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                            

     Los Mayordomos parecían flotar suspendidos en el aire, por la emoción y por el logro. Logro que suponía, ni más ni menos, que acabar, de una vez por todas, con aquel olvido incalificable, de no nombrar, apenas, a San Roque en el día de su Fiesta Patronal.

      Sí amados míos: el nombre de Roque está tan profundamente ligado a nosotros; a nuestro pueblo. Es tan fuerte. Tan sonoro. QUE INCLUSO LAS RANAS EN LAS ALBERCAS, DICEN: ¡ROQUE. ROQUE. ROQUE.! Y así, el Predicador, fue repitiendo el nombre de Roque (por boca de las ranas) hasta quedar casi sin aliento.

     Entretanto como ráfaga de aire fresco, corrió de boca en boca que el venturoso conocimiento era obra de la imaginación y talento de los iluminados Mayordomos.

     Y cuentan las crónicas a la sazón, que no se tenía noticia de algo ni remotamente parecido. Pues fue una auténtica explosión de júbilo.

      Los fieles pitreños, al intentar manifestar a los Mayordomos su admiración y gratitud incontenibles, estuvieron a punto de aplastarlos materialmente -llevándolos, en volandas, hasta el exterior del Templo. Donde se produjo la auténtica apoteosis.

 

     Nuestros héroes, que no podía dar crédito a lo que estaban viendo, no sabían como acoger, del pueblo enfervorecido tal muestra de reconocimiento y cariño. El Mayordomo que actuaba como portavoz, imponiendo silencio a la muchedumbre que llenaba, materialmente la plaza, gritó: pitreños ¿os ha parecido bien.? ¿Estáis contentos.? ¡¡Sí!! -respondió el pueblo-. Fue un grito unánime, casi mítico. Un clamor popular con tal fuerza, que parecía venir del mas allá. Y que el eco fue repitiendo hasta extinguirse entre Sierra Lújar, el Feje; la Haza del Cerezo y el Cerro Corona.

 

      Pero lo que destacan las crónicas de entonces, con mayor acento fue la hora de la liquidación con el Predicador, los Gajes y Emolumentos convenidos. Pues fue tal el número de reales, que el presupuesto para toda la Fiesta, apenas si llegaba para cubrir una tercera parte de la deuda. Con lo que, según consta, hubo que acudir a algún pitreño acaudalado que generosamente anticipara el dinero, y cumplir con el Predicador. Y se dice, que se hubieron de realizar hasta tres colectas populares, para devolver el préstamo.

 

      El hecho, aunque bien asimilado por los pitreños, no dejó de producir en ellos un sentimiento de prevención para el futuro. Aquí, las crónicas aseguran que, en los años sucesivos y por mucho tiempo, los equipos de Mayordomos continuadores de aquellos, cuando pedían colaboración económica a favor de las Fiestas del Santo Patrón, se encontraban, con frecuencia, que algunos vecinos, al entregar su óbolo, no sin cierta ironía amistosa, añadían: Y. con el Sermón tener cuidado. ¡¡No nos vaya a salir rana!!.

 
Agosto, 1992 - A. Crespo
Del Programa de Fiesta de San Roque 1992

 


     Los periódicos han recogido también dicha redacción, tal y como mostramos en el artículo de prensa, publicado en el diario Ideal, el jueves, 14 de agosto de 2006.

 

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