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Historia de la ciudad

HISTORIA DE LA TAHA

Prehistoria

 

     No se conoce cuando se llevó a cabo la primera población del territorio, por la falta de yacimientos arqueológicos y de investigaciones al respecto. No obstante los nombres de algunos de los pueblos que proceden directamente del latín, (Ferreira, de ferrum, hierro; Pitres, de Pitras, piedras) indican un origen si no romano, si al menos latino. Como la lengua latina fue empleada durante muchos siglos en la península ibérica es difícil saber si este origen poblacional es romano, visigodo o mozárabe. Es posible que de esta época date el llamado puente "romano" de Fondales (ver foto a la izquierda), aunque algunos autores dicen que es de época medieval y de factura musulmana.

 

Época musulmana


     Poco se sabe de la llegada de los árabes al actual territorio de La Taha. Se conocen mejor las divisiones territoriales de La Alpujarra durante los siglos XIII al XV.  En los primeros tiempos de la colonización musulmana, los poblados se establecieron en torno a castillos, denominados "hisn" ("husûn", en plural), que actuaban como centros organizativos y defensores de un cierto ámbito territorial, denominado "Yûz" ("Ayzâ", en plural).  Así en la zona del actual municipio de La Taha, aparece el yuz de Farrayra  (Ferreira, o Ferreirola), cuyo castillo defensivo ha sido identificado en la Mezquita de Busquístar. Hoy se conserva el Castillejo de Poqueira, correspondiente a la Taha de Poqueira (ver foto a la izquierda)

    Posteriormente en el siglo XIV el territorio es dividido con una nueva base, esta vez la de las tahas. En este caso La Taha de Ferreira,  incluía los siguientes núcleos de población: Pitres, Capileyr (luego Capileira de Ferreira, y finalmente Capilerilla), el  despoblado de Aylacar, que pervive como Los Aylacares (entre los dos anteriores), Mecina, Fondales, Ferreirola, Harat Albéitar, luego Atalbéitar, Pórtugos y Busquístar. El actual municipio de La Taha puede ser considerado como sucesor de la antigua Taha de Ferreira aunque con notables diferencias (Pórtugos y Busquístar no están incluidos y Mecinilla entra a formar parte del municipio).

     

      Será en esa época cuando se configure el aspecto actual del territorio, surcado por caminos que traviesan montañas en zig-zag (escarihuelas), que todavía se conservan en perfecto estado de uso. En la fotografía de la izquierda se muestra la escarihuela de Ferreirola.

    

     Otros restos de esa época son los algibes situados en la loma de Campuzano, para el abastecimiento de agua, en el paso ganadero de la taha de Ferreira, hacia los pastos costeros.

 

La conquista del Reino de Granada

 


     En el siglo XV, durante la guerra de la conquista del Reino de Granada (1482 – 1492), la Alpujarra permanecerá en manos nazaríes. De hecho su población se verá aumentada por los emigrados de zonas que fueron conquistando los castellanos. Tras las capitulaciones de 1492, los castellanos permitirán a los musulmanes mantener su religión y sus costumbres. Pasarán a ser mudéjares. Los Reyes Católicos concederán a algunos de sus súbditos como recompensa nuevos señoríos en la Alpujarra. Así nace el señorío de Órgiva, al que se añade el pueblo de Busquístar desgajándose de la antigua Taha de Ferreira. Se empiezan a romper las viejas estructuras musulmanas

 

Siglos XVI y XVII



     En 1500-1501, se producen algunos altercados que provocan una primera rebelión de estos musulmanes en la Alpujarra. Una incursión militar del rey Fernando el católico derrota a los levantados que son obligados a convertirse o a emigrar. La mayoría se quedó, aunque de forma secreta seguían profesando su fe y manteniendo sus costumbres, pasando a ser denominados moriscos. De esa época datan los primeros documentos donde se pueden ver los nombres de los pueblos, como la erección parroquial de 1591 que organiza eclesiásicamente el territorio (ver imagen a la izquierda).


     En 1570-1572, se produjo la rebelión de los moriscos y que daría lugar a la guerra de las Alpujarras. En los pueblos que hoy integran el municipio de La Taha, la guerra fue muy cruenta como describen los cronistas de la Guerra (Mármol Carvajal, Hurtado de Mendoza, Pérez de Hita, etc.). La plaza de Pitres fue convertida por los castellanos en plaza de armas, y avituallamiento de la tropa, por lo que es citada en numerosas ocasiones en las crónicas. Se cree que el título de Villa que tiene Pitres, le fue otorgado al pueblo por Felipe II en consideración a los hechos y hazañas protagonizadas por la población cristiana durante la rebelión morisca.


     La derrota de los moriscos trajo como resultado su expulsión del Reino de Granada y su dispersión por el resto de territorios de la Corona Castellana (Galicia, Extremadura, Toledo, etc.). Las tierras abandonadas por los moriscos fueron repobladas por Felipe II con aragoneses, navarros y castellanos entre otros. Con la expulsión definitiva de los moriscos se rompen las viejas estructuras nazaríes para dar paso a los nuevos concejos castellanos. Los libros de apeos de 1572 muestran cómo nacen los términos de Pitres, Mecina de Fondales, Ferreirola y Atalbeítar. Pocos años después, una Real Provisión de 12 de septiembre de 1577 da poder a los vecinos de Fondales, Ferreirola, Haratalbeitar  y Mecina de Fondales para que puedan elegir alcaldes y regidores. Se impone por tanto el moderno ayuntamiento castellano. A partir de ahora las tahas sólo se usan como divisiones mayores para agrupar a diversos pueblos, como si de pequeñas comarcas se tratase. 


     La división eclesiástica tampoco mantiene las tahas y en el caso del municipio, la nueva vicaría de Pitres incluye además de todos los pueblos cercanos otros más alejados como Torvizcón, Almegíjar, Fregenite, Olías y Rubite. Esta primacía de la villa de Pitres, hace que poco a poco la antigua Taha de Ferreira pierda su nombre en detrimento de otro nuevo: Taha de Pitres. El cambio de nombre es un proceso lento que dura varios siglos y mantiene la alternancia de ambos nombres: Taha de Ferreira y Taha de Pitres.
Con la llegada de los nuevos pobladores, el paisaje cambiará definitivamente, dando paso a los nuevos cultivos aunque la continuación de determinados sistemas nazaríes como el reparto del agua ha llegado hasta nuestros días. Los castellanos introducirán cultivos de secano, aunque mantendrán el minifundismo de épocas pasadas.

 

Siglos XVIII y XIX

 

     Durante el siglo XVIII la alpujarra sigue anclada en un proceso de aislamiento, a pesar de acondicionarse nuevos caminos de herradura y algunos puentes para sortear los ríos. En La Taha a finales de esta centuria y principios de la siguiente se produce el declive del núcleo de Aylacar, que como dice MADOZ, “cuyos moradores, a medida que con el tiempo se destruían sus malas casas, se iban agregando a Pitres, hasta que lo hicieron en su totalidad”.



     El nombre de Taha de Pitres tampoco se usará durante mucho tiempo, apenas un siglo escaso. La comarcalización de la alpujarra se producirá no en función de las antiguas tahas, sino de los modernos partidos judiciales, y otras nuevas divisiones administrativas. Ya no se habla de Taha de Pitres, sino del partido judicial de Orgiva.

 

     A partir de mediados del siglo XVIII hay documentación apropiada sobre el municipio, el Catastro del Marqués de la Ensenada, los Diccionarios de Tomas López, madoz, Miñado, etc. porporcionan muchos datos sobre aquella época.

    

     También a finales del siglo XVIII, pero sobre todo durante el XIX llegaron a la Alpujarra numerosos viajeros que dejaron sus experiencias escritos en libros de viajes que hoy nos proporcionan datos muy interesantes sobre el municipio.

 

El siglo XX y el nacimiento de La Taha

 


     El siguiente acontecimiento que afectó ferozmente a ésta zona fue la Guerra Civil (1936 – 1939). El frente entre la zona nacional y la zona republicana se situaba en el Barranco de la Sangre. Pitres y los pueblos limítrofes, estuvieron bajo zona republicana, por lo que fue bombardeado desde varios frentes: Sierra de Lújar, Cerro Corona, Minas del Conjuro, etc. lo que afectó a la fisonomía del pueblo que vio destruida buena parte de su trama urbana. Precisamente por eso, al finalizar la guerra, en Agosto de 1940 y por un Decreto de la Presidencia del Gobierno, el pueblo fue declarado “zona devastada por la acción de la Guerra Civil” y adoptado por el General Franco, pasando a ser zona de rehabilitación preferente donde actuó el organismo Regiones Devastadas construyendo nuevas calles y la mayoría de los actuales edificios públicos: iglesias, ayuntamientos, escuelas, consultorios, cementerios, etc.


     Una posguerra muy dura que se prolongó demasiado obligó en la década de los 50 y 60 a emigrar a numerosas personas a otras zonas de España (Cataluña, Navarra, País Vasco), y del extranjero (preferentemente Alemania) por lo que el saldo demográfico fue bajando bruscamente para no volver a remontar. Los pueblos se vieron abandonados y despoblados.
 

 

     Precisamente por eso, y por ser incapaces de poder otorgar los Ayuntamientos los servicios mínimos exigidos, la Jefatura Provincial del Movimiento, liderada entonces por Sebastián Pérez Linares propuso a los alcaldes de la zona diferentes fusiones, algunas de las cuales se llevaron a cabo y otras no.

 

     Así el municipio de La Taha nace oficialmente el día 12 de julio de 1972, día en que se constituyó la comisión gestora del nuevo municipio, procedente de la fusión de los antiguos ayuntamientos de Pitres, Mecina-Fondales y Ferreirola. Esta comisión siguió gestionando el municipio hasta que el 13 de octubre de 1973 fue nombrado el primer alcalde – presidente de La Taha, Don Antonio Mezcua Roelas