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La leyenda del Barranco de la Sangre

 

     Sin duda es una de las más atractivas de toda la Alpujarra. En ella confluyen diversos elementos que han hecho que la leyenda perdura hasta hoy. La historia tiene múltiples variantes pero en síntesis el argumento es el siguiente: en otra época, se desarrolló en el Barranco de la Sangre una cruenta batalla entre moros y crsitianos. La lucha fue tan encarnizada, que por el barranco bajaban ríos de sangre. Pero mientras que la sangre de los cristianos corría hacia arriba la de los moros lo hacía en sentido inverso, hacía abajo, de tal manera, que la sangre de unos y otros nunca se mezclaba. Desde entonces dicho barranco, que por eso se llama de la Sangre, nunca lleva agua, ni aún en los temporales más recios.
 

   En primer lugar hay que considerar unos hechos históricos que supuestamente acontecieron en dicho lugar. La posibilidad de una batalla en la "cañada de la sangre" no ha sido demostrada todavía. Para empezar es necesario aclarar que casi nunca se especifica de cúal guerra se está hablando, si la conquista del territorio granadino (1482 - 1492), si la primera rebelión de los moriscos (1500 -1501), o la segunda rebelión (1568 - 1572). En ninguna de ellas los cronistas relatan ninguna batalla en el Barranco de la Sangre, lo cual no significa necesariamente que ésta no tuviera lugar. Pudo ser una pequeña escaramuza, que no dejara rastro en las crónicas.

                                                      No obstante, cada época, trata de explicar los hechos adoptándolos a su realidad diaria.  Así, por ejemplo, el doctor Olóriz en el diario de su expedición antropológica a la Alpujarra de 1849 añade: "También he oído mezclar en estas tradiciones tan desfiguradas a un cierto general Canales, que si no me engaño, fue un jefe de partidas carlistas en la primera guerra civil". Yo mismo he podido comprobar personalmente cómo en la actualidad hay gente joven que cree que dicha batalla tuvo lugar durante nuestra reciente Guerra Civil (1936 - 1939). Ocurre, que como en casi todas las leyendas, la narración no es única sino que son varias, puesto que cada época la cuenta de manera diferente añadiendo elementos, cambiándolos, y adaptando el relato a la sociedad del momento. De esta forma es muy dificil analizar críticamente la narración. Pese a todo hay elementos de la historia que se han mantenido inalterables durante siglos.

   
      Básicamente se trata de la existencia de una batalla, antes comentada; y la existencia de la sangre. A este respecto hay que recordar que la zona es rica en mineral de hierro, de forma que el suelo al ser atravesado por corrientes de agua se tiñe de color rojizo y anaranjado. Así nacen las llamadas "fuentes agrias" (Fuente Agria en Pórtugos, Aguagria en Pitres, Fuente Gaseosa en Ferreirola, etc.), cuyo entorno siempre aparece tapizado de un color muy intenso. Incluso el río más importante de la zona, el río Bermejo, toma el nombre de dicho color.
 
     No obstante, la leyenda prefiere ver sangre corriendo en varias direcciones. Esta parte del relato merece un análisis más detenido porque la existencia de dos tipos de sangre corriendo en direcciones opuestas no es más que el reflejo de la sociedad de una época.  Concretamente de la sociedad del honor de los siglos XVI y XVII.  En esa época, el honor está muy relacionado con la sangre, y el linaje. La limpieza de sangre es lo más importante, incluso por encima de la riqueza o el poder. La peor afrenta en la época era ser acusado de llevar sangre "infecta", es decir, sangre de moro  o judío. Por eso en esta leyenda no es casual que las sangres no se mezclen. Unos buenos caballeros crsitianos no puede permitir que su sangre se mezcle con la de los "infieles". De igual modo que tampoco es casual la dirección de la sangre: la de los cristianos hacia arriba, como en un milagro, dirigiéndose al cielo, ya que se trata de sangre de mártires. En cambio la sangre musulmana cae al abismo, hacia las profundidades de la tierra, donde aparece el infierno.  En otras versiones de la leyenda la dirección cambia. Así la recoge el doctor Olóriz en su expedición antropológica de 1894: "lo más curioso es que la sangre derramada por los cristianos corrió por la cañada abajo según lo natural, mientras que la de los moros corrió hacia arriba". En este caso la dirección también es un símbolo. En el caso de los cristianos la sangre baja en dirección normal, como personas decentes y morales que son; en cambio la sangre musulmana va en dirección contraria, de igual modo que su fé se ha desviado.
 
 
     Pero también hay que explicar la última parte de la leyenda: la ausencia de agua en dicho barranco, a pesar de que, con ligeros temporales otros barrancos cercanos, de menor profundidad, se aneguen por completo. Paradójicamnete ésta es la parte real de la leyenda. Una realidad que cualquier persona puede contemplar. Por eso era necesario dotar a dicho barranco de una leyenda. El barranco no reacciona de forma normal frente a los fenómenos naturales, y por tanto había que intentar explicar dicho misterio.
 
     Este último elemento - la ausencia de agua - se hace más importante con el correr del tiempo, en detrimento del elemento sanguíneo. Ya se ha visto cómo la sangre es el elemento primordial en la sociedad del honor, pero este rasgo va perdiendo fuerza,  conforme avanza el siglo XVIII. En esta época la superstición va dando paso a la ciencia.  Aparece el Naturalismo, el Racionalismo, y nuevas teorías científicas que acaban con los misterios de la naturaleza. Es la época en la que llegan a la Alpujarra  los primeros viajeros y se desarrollan los baños: Panjuila en Ferreirola, los baños del Piojo y de la Marrana en Mecina, los baños asociados a la Fuente Agria de Pórtugos,etc. La curisosidad científica lleva a investigar los fenómenos naturales. Entre ellos, sin duda aparece el del Barranco de la Sangre, de forma que se pierde de vista la leyenda.
 
     En el caso de un médico granadino, Francisco Fernández Navarrete, que en su obra Cielo y Suelo Granadino, escrita en 1732 (y reeditada por Antonio Gil Albarracín, en 1997) hablando de las particularidades y cosas raras que se observan en Sierra Nevada, cuenta lo siguiente:
 
     "En el término de la villa de Pitres a la parte Occidental hay un Barranco digno de adminiración que llaman Barrranco de la Sangre, por la mucha que corrió en el tiempo de Rebelión de los Moriscos (es toda esta tierra de muchos Mártires). Pondré las palabras del Maestro Don Joseph Francisco de Corderos Hidalgo, Vicario Eclesiástico de aquel apartido: y lo mucho más de admirar es que siendo muy profundo y con muchas corrientes, jamás ha corrido por él alguna agua, saliendo con crecidos golfos en tiempo de tempestades otros que hay contiguos de menos corrientes y del mismo suelo. Para decidir si es natural o sobrenatural la causa, no tengo examen bastante, mas el hecho es cierto."
 

     Como se puede observar, la leyenda cede su lugar a la explicación de un científico, aunque todavía mediatizado por la religión, que le hace dudar sobre si la explicación es natural o sobrenatural.
 
     Bastante más tardía es la siguiente cita procedente de una carta que el cura de Pitres, envía en 1791 a Pascual Madoz, un geógrafo que quería realizar un diccionario geográfico.  En la carta se cuenta el fenómeno:

     "Citando la [guerra] de la conquista antes del rebelión, hay tradición entre estas gentes de una batalla feliz contra los moros en el Barranco que hoy llaman de la Sangre, término de las  tahas de Ferreira y Poqueira, que por entonces estaban divididas. Allí se resistraban hoy vestigios de las trincheras de algunos de los ejércitos, y están por estos naturales en la sana creencia de que por esta razón no corre el agua por el sitio del citado barranco en que se derramó tanta sangre humana; y en efecto tienen suficiente declive de las lomas colaterales para que el agua rompiese con su corriente el sitio de su curso y no se verifica como en otros.  Esto no pasa de una sencilla creencia."
 

     Nótese la apostilla final, de que no es más que una sencilla creencia. La fuerza de la leyenda se va difuminando con el tiempo, y el sacerdote se limita a señalar que la sencillez de sus feligreses les lleva a creer en tradiciones antiguas.
 
     Para acabar esta reflexión sobre el Barranco de la Sangre, transcribo a continuación una anécdota desconocida ocurrida precisamente en ese barranco, hacia finales del siglo pasado, o principios de éste.  Está tomada del conde de López Muñoz, donde, en sus obras completas tituladas "De mi archivo", y editada en 1924, refiere con cierta gracia lo ocurrido en lo que él denomina "mi segunda lucha de oposición para diputado a Cortes por Órgiva".  El conde, candidato del partido liberral, salió desde Capileira en dirección a Pitres.
 
 
"Muy de mañana y con un frío de prueba nos pusimos en marcha para el pueblo de Pitres, donde contábamos con bastantes adeptos. Al principio de la marcha, menos mal; pero al atravesar el barranco de la sangre, se levantó una fuerte ventisca de nieve de esas que aturden y clavan en la cara como puñalitos sus cristales, contra la cual no bastaban todos los abrigos.

En un día de ventisca como éste - exlcamó el guía-, quedaron enterrados en la nieve varias personas. Por eso están ahí esas cruces sobre las piedras de uno y otro lado del camino.
Pues arrea hombre.
Ahí, donde están las tres cruces, cayeron cuatro; pero con ellos estaba un perro que, con el calor de su cuerpo, salvó al amo, al cual se abrazó al quedar enterrado.
¿Y dice que era un día como este?
No hay cuidado ninguno -profirió el Capitanito-. Si la nieve nos tapa, yo tengo más calor en la sangre y más ley a usted que un perro, y me abrazaré a mi candidato para que no se hiele. Yo seré su perro. Gracias, capitanito, en nombre del partido liberal, pero será mejor que apretemos el paso.
Apretaron, el paso, en efecto nuestras caballerías, y una hora después entramos en Pitres.  Pero cuál no sería nuestra sorpresa cuando nos enteramos de que no había en Pitres ni un solo elector.  El alcalde los había obligado a salir al campo, ¡en un día como aquel!, para proseguir una obra en el término municipal que no admitiía espera, y fue inútil muestra peligrosa caminiata.  Me río yo de los ardiles electorales inesperados. Verdad es que Pitres tenía ya fama de jugárselas a puño a los candidatos más expertos
".

 

por Alberto Martín Quirantes