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Apaga y vámonos

 

 

     Al decir de la fama, este dicho tuvo su origen en un lance peregrino. Sucedió, al parecer, hace siglos, en el pueblo granadino de Pitres. Dos clérigos, aspirantes ambos a una capellanía castrense, dieron en apostar un día, sobre cuál sería capaz de decir la misa en menos tiempo. Dispusiéronse a ello, y como uno oyese al otro principiar diciendo Ite, missa est -fórmula litúrgica que precedía a la bendición final-, el rezagado, vuelto hacia el monaguillo, exclamó expeditivo: ¡Apaga y vámonos!
 
     El pintoresco dicho ha quedado como expresión de pasmo ante cualquier hecho absurdo y disparatado, y también como rúbrica expresiva de que algo toca a su fin.

 

 

SUAZO PASCUAL, A. Abecedario de dichos y frases hechas. Madrid: EDAF, 1999, pág. 139